Asociación Latinoamericana de Medicina Social

Actualizado 10:42 PM, 11 Nov 2019
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El carrusel de nuestras violencias.

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Es casi un lugar común afirmar que la violencia es un problema complejo y cambiante. La diversidad de sus formas, actores y víctimas; las constantes variaciones de su intensidad; sus múltiples causas, y la cantidad de teorías para explicarla, evidencian a diario su complejidad e historicidad.

El informe anual del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, INMLCF, esa especie de radiografía de nuestras violencias, nos vuelve a mostrar que seguimos siendo un país violento, pero permite ver en qué mejoramos y en qué empeoramos. Su última edición, Forensis 2015, nos confirma la significativa reducción de los homicidios y las desapariciones forzadas en el país. La disminución moderada, pero dentro de niveles todavía altos, de las violencias interpersonales, intrafamiliares y de pareja. Y nos alerta sobre el acelerado aumento de los suicidios y de la violencia en el transporte.

Pasar en el país de 15.727 homicidios en 2012, a 11.585 en 2015, es un ahorro valiosísimo de 4.142 vidas humanas. La situación es aún más estimulante si miramos a mediano plazo y en cifras ponderadas. Hace 25 años teníamos en Colombia 91 homicidios por cada cien mil habitantes -pcmh-. El año pasado tuvimos 24 homicidios pcmh. Es una reducción enorme, que nos coloca ya por debajo de la tasa regional del continente y lejísimos del vergonzoso primer lugar que llegamos a ocupar. Claro que es preocupante tener todavía más de once mil asesinatos al año. Y peor aún si sabemos que Cali, por ejemplo, sigue con más de 60 homicidios pcmh, y que la impunidad continúa en niveles tan altos que en el 70% de los casos se desconoce el autor del homicidio.

La desaparición forzada es una de las formas más crueles de violencia. En su peor momento, 2002, llegamos a tener 2.399 casos y el acumulado total hasta hoy es de 23.441. Por eso, su acelerada disminución desde 2011 y el registro de sólo 143 casos en 2015, la cantidad más baja desde cuando se registra este trágico evento, es una excelente noticia para el país. Si a lo anterior le sumamos la decisión explícita del gobierno y las Farc de trabajar en serio por aclarar las desapariciones y conformar una Unidad Especial para la búsqueda de los desaparecidos, podríamos estar pensando en el fin de esta forma de barbarie.

Llama también la atención la disminución en 2015 de la violencia interpersonal registrada por el INMLCF, llegando a sus niveles más bajos en los últimos 10 años. Como también el importante descenso en la violencia de pareja y, aunque más moderado, de la violencia intrafamiliar. En los tres casos conviene resaltar la persistencia de la intolerancia y del machismo en las relaciones afectivas, conyugales y familiares, y la importancia de los hogares como núcleos esenciales de convivencia pacífica o de violencia.

En contraste, en suicidios y accidentes de tránsito, la tendencia del año pasado fue hacia el incremento. Los 2.068 suicidios registrados significan una tasa de 5.2 pcmh, un 28% mayor a la tasa promedio de la última década. Hombres jóvenes y ancianos son los más afectados. Reconociendo que la decisión del suicidio depende de muchos procesos y factores, lo observado en otros países en relación a picos de suicidio después de conflictos de larga duración, debe encender las alarmas entre nosotros.

En accidentes de tránsito – hablamos también, con algunas reservas, de violencia vial – la situación es dramática. Los 52.690 eventos registrados en 2015, con 45.806 lesionados y 19 muertes diarias por esta causa, son motivo más que suficiente de preocupación. La tendencia en la última década es sostenida hacia el incremento y hacia mayor letalidad, particularmente en accidentes que implican motocicletas.

Ninguna sociedad ha podido llegar a violencia cero. Pero hemos avanzado y podemos avanzar, con altibajos como los del año pasado, hacia reducciones cada vez mayores de las distintas formas de violencia. La coyuntura nacional es propicia, en especial si refrendamos los acuerdos de paz y emprendemos las reformas requeridas.

Saúl Franco,
Médico social.
Bogotá, 14 de septiembre de 2016.

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